Hace mucho que este blog está abandonado, pero hay cosas que ameritan encender la luz. Siempre estuve convencida de que la participación ciudadana es importantísima. Que alzar la voz cuando corresponde no es un gesto de prepotencia sino de seguridad, de defensa, de no invisibilización. Cuando el reclamo es justo hay que hacerse oír. Del odio no sale nada bueno, pero realmente odio la invisibilización de mi sexualidad. Odio ser ciudadana de segunda. Me molesta no poder compartir la obra social con mi mujer, tener que anotar los bienes que adquirimos bajo la figura del condominio (el día que hicimos la transferencia del auto y nos dieron una tarjeta verde a cada una, me sentí como si me estuviera casando y me abandoné a una ficticia sensación de felicidad matrimonial y eso habla de lo cautivxs que estamos, fue muy dulce, pero en realidad es amargo)
Puede sonar naif, pero también estoy convencida de que desde el Estado se puede hacer algo. No creo en las soluciones mágicas, no creo que la homofobia vaya a borrarse de un plumazo por el sólo hecho de que las leyes efectivicen la igualdad de derechos para todxs. No va a desaparecer de un día para el otro la discriminación de la mirada del otro. Pero sí el cambio va a ser sustancial desde lo institucional. Y por algo se empieza.
La historieta es que el jueves 29 de Octubre el MATRIMONIO ENTRE PERSONAS DEL MISMO SEXO se estará tratando por primera vez en dos comisiones del Congreso (Legislación General y Familia, Mujer, Niñez y Adolescencia de la Cámara de Diputados de la Nación). Son dos proyectos los que se presentan y en ambos se modifican todos los artículos del bendito Código Civil (que es el que regula la institución del matrimonio en nuestro país) cambiando los términos “hombre y mujer” por el más abarcativo, menos discriminativo, fulminantemente inclusivo “contrayentes”.
Si el matrimonio es una institución burguesa o no, si esto es un paso para “homologarse” con el sistema o no, si viviríamos todxs mejor sin estar sujetos a la picadora de carne que resulta de la sociedad en que vivimos o no, si es una institución heteronormativa y es mejor tenerla lejos o no, es harina de otro costal. El matrimonio (yo prefiero la denominación sociedad conyugal) es un derecho de algunxs y no de todxs. Yo prefiero poder optar por él a que me lo nieguen. Prefiero la probabilidad a la imposibilidad.
Hay un par de encuestas anónimas publicadas en ediciones digitales de medios nacionales, las que me parecen lugares importantes donde vertir un voto positivo son las de La Nación (cuando yo voté iba ganando por poco la opinión positiva) e InfoBae (adivinen qué postura era la mayoritaria). También hay un lugar dónde manifestarse en AGMagazine. En éste último sitio también invitan a enviar un mail a diputados y diputadas para que traten y aprueben el proyecto, la dirección es diputados@diputados.gov.ar
En fin, votar en esos sitios no lleva más de un minuto. Copiar, pegar, agregar nombre y número de documento y enviar el modelo de mail que ofrecen en AG tampoco.
Son modos pequeños de hacerse oír, de hacerse ver, quedará en cada unx llevar el debate a su casa, al café, al club, al trabajo, a las cadenas de mails (si me mandás presentaciones de Power Point con fotos de gatitos lindos, también podés hacer de esto una cadena, USÁ LA OPCIÓN DE CORREO OCULTO QUE PARA ALGO ESTÁ) o guardarse para sí el deseo de que una vez por todas sea reconocido este derecho.
Hay mucho por hacer, muchos derechos que necesitan ser reivindicados, publicitados, reconocidos, reglamentados y por sobre todo internalizados dentro de esta sociedad. Si bien suena trillado todxs podemos aportar nuestro granito de arena, el mío es multicolor.
Encuestas Online:
La Nación
InfoBae
AGMagazine
Modelo de mail para enviar a Diputados: click aquí!
Otros sitios dónde leer del tema:
Crítica Digital
Página/12
AGMagazine
La Fulana
Federación Argentina LGTB